El packaging ya no es una decisión de producción. Es una decisión de negocio

El packaging ya no es una decisión de producción. Es una decisión de negocio

El packaging influye en cómo se percibe un producto, cómo se vive una marca y cómo llega una propuesta de valor al consumidor. Por eso, reducirlo a una decisión de producción ha dejado de tener sentido. Hoy hablamos de una decisión de negocio.

Ya no es suficiente preguntarnos únicamente “¿cómo queremos que sea nuestro packaging?” sino que tenemos que ir más allá y responder al “¿qué queremos conseguir con él?”

Mucho más que un envase

El packaging es uno de los primeros contactos físicos entre una marca y su consumidor. Antes de probar el producto, ya está transmitiendo información, valores y contribuyendo una determinada percepción. Por eso, un buen packaging no empieza hablando de cartón, acabados o impresión. Empieza hablando de marca.

Cuando estas preguntas están claras, el packaging deja de ser el último paso del proyecto y empieza a formar farte de la estrategia.

Cuatro decisiones que marcan la diferencia

Aunque detrás de cada pack que llega a las manos del consumidor hay muchas decisiones, hay cuatro que son especialmente relevantes para conseguir que packaging, producto y marca avancen en una misma dirección.

1. Entender qué quiere conseguir la marca 

Este primer punto es clave, pues, en función de la necesidad comunicativa del producto, la marca tendrá uno u otro objetivo: reforzar su posicionamiento, ganar visibilidad, transmitir confianza, diferenciar una nueva gama o mejorar la experiencia de compra, entre otros.

Por eso, antes de pensar en cómo será el packaging, hay que entender qué objetivo persigue y cuál es su función.

Cuando se tiene claro cuál es el punto de partida, cada decisión posterior puede tomarse con mucho más criterio.

2. Pensar en el producto y en quien lo va a elegir 

Un buen packaging tiene que encontrar el equilibrio entre las necesidades del producto y las expectativas de la persona que acabará comprándolo. Pero también tiene que conseguir algo menos tangible pero igual de importante: hacer que el consumidor perciba el valor que la marca quiere transmitir.

Al dar respuesta a estas dos preguntas des del inicio ayuda a construir una identidad que refleja producto, packaging y posicionamiento.

3. Tomar mejores decisiones durante todo el proyecto 

Un proyecto de packaging está lleno de decisiones que impactan en el negocio. Decisiones que pueden repercutir en el presupuesto anual de marketing y decisiones que pueden hacer disparar las ventas del producto.

Es justamente en la toma de estas decisiones cuando más se valora contar con el apoyo, conocimiento y experiencia de un fabricante que sabe ir más allá de la propia producción.

Más allá de los materiales a utilizar o de los acabados que tendrá el pack final.

Se trata de escuchar, asesorar, plantear alternativas o anticiparse a aquello que puede condicionar el resultado. Es en este proceso cuando el proveedor se convierte en un aliado estratégico del proyecto.

4. Hacer visible todo el valor que hay detrás del producto 

Detrás de un lanzamiento puede haber meses -incluso años- de estrategia, desarrollo, innovación e inversión. Pero, el consumidor no ve todo este trabajo. Solo ve el resultado.

El packaging tiene la responsabilidad de ayudar a transmitir ese valor cuando el producto llega por primera vez a sus manos.

Cuando está bien planteado, consigue que aquello que la marca había imaginado durante meses se convierta finalmente en algo tangible: una experiencia con el producto, un nuevo posicionamiento y unas altas expectativas.

Es en este último punto donde el packaging debe lucirse y hacer visible todo el valor que hay detrás e ir más allá de presentar el producto como tal.

Crear valor, no solo fabricar

Las marcas necesitan partners que entiendan qué quieren conseguir y sean capaces de acompañarlas para hacerlo posible. No basta con fabricar bien.

Socios que aporten experiencia y criterio. Que ayuden a tomar decisiones y tengan capacidad para anticiparse. Aporten tranquilidad en cada fase del proceso y aseguren que todo está bajo control.

El valor de una fabricante se mide por su capacidad productiva y su capacidad para contribuir al éxito del proyecto.

En Cideyeg Packaging llevamos más de 60 años trabajando junto a marcas de sectores muy diferentes. Y toda esa experiencia nos ha llevado a entender nuestro papel de una forma cada vez más amplia.

Nuestro trabajo empieza mucho antes de fabricar una caja. Empieza escuchando, entendiendo qué necesita la marca y aportando nuestro conocimiento para tomar las mejores decisiones. Así como acompañando cada proyecto para que el resultado responda a las expectativas del producto, de la marca y de su consumidor.

No solo fabricamos mejor. Ayudamos mejor.